domingo, 19 de diciembre de 2010

Cucarachas y Zapatillas. 25/11/10 - 23:47h

Parte Uno

“Rose Hudson ha muerto apuñalada a la edad de 15 años…”


Voy caminando por un jardín y puedo ver perfectamente ese titular en una pantalla enorme, atravesando una pequeña parcela rodeada por una valla desde donde escuchaba voces y música. Me acerco a aquella dirección sin parar de mirar esa horrible noticia. Es una especie de recorte de un periódico. Salto la valla que me llega por las rodillas, ha encogido, juraría que antes era mucho más alta. Veo a varias personas, parecen una familia de personas mayores y niños pequeños jugando, están felices, como si de una celebración se tratara. Había música, bebida, bailes, luces… Fuera lo que fuera, sabían divertirse. Doy unos pasos y piso un césped verde y esponjoso. Calzo mis desgastadas Converse negras, pero noto como se mueve la hierba como si tuviera los pies desnudos. Continúo caminando y de repente, el césped se derrite y se transforma en un líquido fosforito de un verde más claro y chillón. Miro al suelo, levanto el pie y lo dejo caer chapoteando en ese líquido, hago lo mismo con el otro pero cuando lo dejo caer, noto el suelo sólido. Como si fuera cemento. Continúo caminando y me fijo en que el suelo ha cambiado de color a un rojo amarronado, pero más me llama la atención, ni es líquido ni es sólido, sino plumas, plumas de piedra roja. Lentamente me pongo de cuclillas y cojo una pluma, está rígida y fría. Me quedo observando detenidamente los escasos detalles que tiene una insignificante pluma de ave, está perfectamente esculpida en esta extraña piedra roja. Ahora se comienza a derretir hasta que desaparece de mis pálidos dedos, y entre mis zapatillas veo una salpicadura blanca. El suelo cambia a un color blanco y se transforma en adoquines. Echo otro vistazo a las personas que me rodean, en ese momento observo de nuevo la pantalla donde se mostraba el mismo titular de antes. ¿Rose Hudson? ¿De qué me suena?
-Este lugar no existe-Murmuro convencido para mi mismo mirando a mi alrededor cada cosa que me llama la atención, que curiosamente, es todo.
Entonces, alzo un poco más la vista y puedo ver un cable sostenido en el aire como por arte de magia, que rodeaba toda la parcela, y del cual colgaban de los cordones millones de zapatillas Converse. Zapatillas de todos los colores se pueden vislumbrar en el nocturno cielo. Vuelvo a mirar al suelo, siguen los mismos adoquines blancos. Fácilmente logro distinguir un par de cucarachas negras y brillantes paseando una detrás de la otra. Sonrío.
-Pero ojalá existiera.

Me doy la vuelta. Me sobresalto al ver una niña a pocos metros de mí. Estaba dada la vuelta mirando hacia al frente. Vestía de blanco y tenía una melena larga y dorada que le llegaba por la espalda. Esa imagen poco a poco empezó a desaparecer convirtiéndose en humo. Me acerco a ella dando un par de pasos, estiro un brazo pretendiendo cogerla del hombro, no siento nada y observo cómo entre mis dedos se desvanece lentamente. Miro a mi alrededor. Toda la escena se disipa de igual manera, hasta que se transforma todo en una cegadora luz blanca que me obliga a cerrar los ojos.
Aun con los ojos cerrados, noto como el ambiente ha cambiado, siento que no estoy solo, tengo la sensación de que todo está dando vueltas muy deprisa, la luz ha disminuido y me permite volver a abrir los párpados. Estoy tumbado en un colchón lleno de chinchetas que me acribillan. Levanto una mano y me quito las que tenia clavadas sin sentir ninguna molestia. Me reincorporo lentamente deshaciéndome de todas y cada una de ellas. Me pongo de pie y observo a mí alrededor. Estoy en una habitación gigantesca, de paredes grises y carente iluminación. Más que una habitación, parecía una cámara. Delante de mi puedo ver un largo pasillo y al final de éste una puerta de acero. El techo está decorado por un enorme reloj sin agujas que emite un débil tic tac.
Estoy atravesando el lóbrego pasillo a paso ligero. Intento abrir la puerta tirando de un lado. Se abre fácilmente. Está todo oscuro. No se ve absolutamente nada. Me agacho y compruebo si en realidad hay suelo, pero no. El suelo termina justo donde estoy yo. Resulta ser un agujero negro que aparenta no tener límites. Me levanto y me doy la vuelta echando otro vistazo a ese inquietante habitáculo. Vuelvo a atravesar el pasillo, me dirijo al colchón y me agacho. Observo el suelo. Más cucarachas esquivando algunas chinchetas que hay tiradas, se quedan quietas. Meto la mano debajo del colchón. Noto una corriente de aire frío. Lo empujo hacia delante y veo un agujero cuadrado con una escalera sin fin pegada a uno de sus laterales. No se ve nada al final de este túnel, solo veo que las cucarachas se dirigen hacia él.
Bajo por la escalera de acero. Puedo ver gracias a la luz que emite el gran reloj blanco sin agujas, que poco a poco ha ido cobrando más luminosidad, como si todo se hubiera puesto en marcha desde que he aparecido aquí.
Continúo bajando y por fin toco fondo. En cuanto pongo un pie en el suelo, todo se ilumina.
Esta sala es completamente diferente a la anterior. Es blanca, con el suelo y las paredes acolchadas. Unos metros más adelante puedo ver muchas vitrinas cuadradas de cristal a los lados formando otro pasillo. Me acerco más para ver qué contienen. Cucarachas. Millones y millones de patitas encerradas.
Sigo andando, y veo otra puerta de acero cerrada. Me dirijo a ella y la abro. Veo de repente a Kira, una chica vestida de rojo, orejas puntiagudas, con el pelo corto, revuelto y del mismo color. Es una ninfa impaciente.
-Ya era hora, ¿dónde estabas?-Me pregunta.
-No lo sé, pero ha molado mazo, ¿te vienes?
-¿Qué había? ¿Cucarachas?
-¡A montones!
-Pues me da que no. Estábamos esperándote en la cámara Lenta…
-Entonces, ¿qué prisa tienes?-Sonrío.
-Frolo te busca para algo importante.
-¿Te ha dicho para qué?
-No ha hecho falta-Ahora sonríe ella.
Me lo imagino, y madre de Dios… ¡Ya era hora!
-Por cierto, acabo de venir de ahí.
-¿De la cámara Lenta?
-Sí, y además está otra vez el agujero negro. Me crispa.
-Lo sé. Las habitaciones están volviendo a rotar.
-Pero antes de estar ahí creo que estaba en un sueño, ¿te suena de algo el nombre de Rose Hudson?
-Umm… No.
-Pues sea quien sea, ha muerto…
Estamos caminando juntos a lo largo de ese pasillo gris iluminado por unas cuantas franjas de luz en las paredes. Luz solar.
-¿Desde cuándo están rotando las habitaciones?
-No lo sé.
-Yo ya no sé ni donde estoy…
Freno de repente.
-No puede ser…-Miro unas Converse rosas que están en medio del pasillo, justo delante de nosotros-¿Esto es una broma?
-¡Vaya!-Ríe-Por lo visto alguien busca tu desgracia…
Me acerco lentamente a las zapatillas de manera desafiante, me acuclillo a un lado y las observo de perfil. Míralas… se interponen en mi camino y se piensan que se irán así, de rositas…
Busco en el bolsillo trasero de mis pantalones negros. Miro mi pierna derecha y remango el pantalón.
-Y para colmo se me cae la pernera del pantalón.
-Todos tenemos un mal día-Lo dice en tono burlón. Suspiro mientras la miro. Saco del bolsillo un pegote blando y negro con una mancha blanca. La doy un poco de forma y la convierto en una bola de billar número ocho, dura y brillante. La coloco en el suelo, justo a siete centímetros de distancia de la zapatilla derecha. Empujo la bola, apenas sin tocarla, observo cómo se acerca lentamente a las zapatillas, hasta que choca e instantáneamente, las Converse se tiñen de negro.
-Dime Eric, ¿qué ganas con esto?
-Déjalo, tú no quieres entenderlo.
-Créeme, lo intento.
-Buscar explicaciones aquí es una pérdida de tiempo, lo sabes de sobra-Silencio
-¿Vamos con Frolo?
-Sí… Vamos, salir de aquí me vendrá bien.
Continuamos la marcha.
-¿Las dejas ahí?-Señala las zapatillas.
-Sí, ya se moverán.


Entramos en la cámara Lenta por la puerta de acero. El agujero negro ha desaparecido. Frolo está en pie detrás de una gran mesa de madera donde antes estaba el colchón.
Atravesamos el pasillo dirigiéndonos hacia él. Está completamente quieto, mirando unas figuras en movimiento que flotan sobre la mesa.
-¿Eso es…?-Murmuro acelerando el paso sin parar de mirar esa especie de holograma.
-El mundo real-Contesta Frolo sin expresión en la cara-Justo el que tenemos bajo nuestros pies-Llegamos y nos paramos enfrente de la mesa, observando la bola del mundo dando vueltas-…O sobre nuestras cabezas, aún no lo sé-Levanta la cabeza, me mira y sonríe-Con que Rose Hudson, ¿eh?
-¿Cómo lo sabe?
-He estado observándote últimamente.
-Pero… ¿sabe quién es?
-Lo siento, pero no. Pero por eso te he llamado. Debes ir en busca de ella-Señala la bola del mundo.
-¿Por qué? ¿Qué tiene que ver conmigo?
-No lo sé, tal vez sea la persona que te trajo aquí…
-Entonces, ¿me dejará ir al mundo real?-Asiente.
-Además sé que últimamente has estado informándote sobre él.
-¿Cuándo iré?
-Se paciente hijo, aún debo examinarlo un poco más, no creas que va a ser coser y cantar. Es peligroso.
-Con el debido respeto señor, pero si nunca hemos ido ninguno de nosotros, ni si quiera usted, ¿cómo sabe lo peligroso que puede llegar a ser?
-Solo hace falta verlo para saberlo. Pero tranquilo, estarás a salvo, te tendré controlado-Mira hacia arriba y observa el reloj sin agujas-Bueno, espera un poco más y cuando esté todo listo viajarás a la realidad, quédate por aquí y te explicaré todo más detalladamente-Frolo mira a Kira-¿Podrías dejarnos solos? Debe concentrarse para esto.
-Bueno, ya me contarás luego-Me da una palmada en el hombro y alejándose añade diciendo-Suerte, paliducho.
Desaparece tras la puerta de acero.
-¿Estás nervioso?-Me pregunta al cabo de un rato de silencio. Se dirige al final de la cámara, acercándose a la pared y saca de la nada una pantalla, enfrente de ésta enciende una especie de proyector iluminándola de un color blanco roto.
-Un poco…-Me acerco a él.
-Siempre quisiste hacer esto-Sonríe.
-Ya, pero que insista en que es peligroso no me tranquiliza-Observo el proyector. Produce un pitido repetitivo. La pantalla continúa en blanco-¿Para qué sirve esto?
-Lo que tú veas, nosotros también lo veremos.
-¿Llevo una cámara encima?
-No exactamente-Río.
-Me siento violado.
-Bueno, es la primera vez que uno de nosotros viaja allí-Se acerca de nuevo al holograma-Y todos queremos saber si realmente son como pensamos, no solo vas en busca de Rose Hudson…-El holograma sigue con la forma de la Tierra. Frolo le pasa la mano por encima, como acariciándola, apartando las nubes. Toda Europa se deja ver-Tienes orígenes italianos, tu apellido es Lorenzetti, pero… irás a España.
-De todos modos Rose Hudson no es un nombre español.
-Tengo una corazonada-Me mira. No sé qué decir. Da con el dedo índice sobre España, ésta aumenta de tamaño como si le hubieran dado al botón del zoom. Muestra los nombres de las ciudades hasta que se queda parado señalando uno de ellos: Móstoles-Aquí es donde aparecerás, ¿recordaras el nombre?
-Sí, creo que sí.
-¿Estás preparado?
-Señor, una última cosa. Si Rose Hudson ha muerto, ¿por qué debo ir a buscarla?
-Tal vez eso aún no haya pasado, quién sabe.
-¿Quiere decir que hay una vida en juego y depende de mí?
-Sí, la tuya. Piénsalo-Suspiro-Ahora, pase lo que pase, no abras los ojos hasta que estés en completo silencio, ¿entendido?-Asiento mientras los nervios me vencen-Pues adelante-Me coloca justo delante del holograma-Cierra los ojos-Lo hago. Oigo un par de pitidos-Ten cuidado…-Su voz se va alejando poco a poco. Oigo fuertes estruendos, como si un montón de aire chocara contra mi cuerpo, después pitidos ensordecedores. Sigo con los ojos fuertemente cerrados. No aguanto más el ruido, intento taparme los oídos pero mis brazos no responden.
Y de repente, silencio. Noto como si estuviera flotando. Escucho unas voces.
-Parece que ha habido un problema…
-Eric, escúchame, todo va a salir bien, estamos intentando solucionarlo. No abras los ojos todavía.
Tengo la mente en blanco, los músculos inmovilizados, solo escucho esas voces y observo el interior de mis párpados.
-Frolo, creo que ya está, pero aparecerá en otra parte, señor. Se ha desviado la conexión. Intentaré que no se aleje demasiado. Eric, aparezcas donde aparezcas actúa con normalidad. No sabemos a qué te enfrentas. Estaremos vigilándote.

De repente, de nuevo esos pitidos y dos segundos más tarde paran. Me van a volver loco. Abro los ojos. Estoy tumbado sobre una cama. Dios, como huele a vainilla. Las luces están apagadas, es de noche. Apenas entra luz por la ventana. Me levanto de la cama y trato de encontrar un interruptor, pero me acaba de dar un vuelco el corazón, alguien acaba de abrir la puerta principal con llave. Ha encendido una luz del salón y logro ver la puerta de la habitación que está entreabierta. Me acerco a ella y miro por el hueco.
Una chica rubia deja una bolsa encima del sofá, está distraída mirando el móvil. La miro, no tiene expresión en la cara ni de alegría ni de tristeza, miro sus ojos azules moviéndose de un lado a otro mientras lee la pantalla del teléfono. Ahora oigo unos gruñidos, miro hacia abajo y veo unos colmillos y unos ojos amarillos amenazadores. El perro empieza a ladrar y a salivar, embiste la puerta para entrar en la habitación y yo hago fuerza para impedírselo.
-¿Bosco?-La chica aparta la mirada del móvil y mira hacia el pasillo que ahora se encuentra vacío y la fiera acaba de entrar la habitación, conmigo-¿Qué pasa, chico?
Tropezándome con yo que sé qué cosa que hay tirada en el suelo, atravieso la habitación a oscuras y me dirijo apresuradamente a la ventana, el perro viene detrás de mí. Saco una pierna y la apoyo en el alfeizar esquivando los dientes del perro.
La chica enciende la luz y sujeta al perro por el collar que aún así intenta descalabrarme igualmente. Un rottweiler como un caballo de grande y muy malas pulgas.
-¡Madre mía, pedazo bicho!-Exclamo con el corazón a mil por hora. La mirada de la chica se cruza con la mía. Ella no dice nada. Intenta sentar al perro y tranquilizarlo, pero no para de gruñir e intentar venir hacia mí-Me refería al perro.
-¿Quién eres? ¿Cómo has entrado aquí?-Tiene la voz temblorosa. Apuesto a que por vestir todo de negro y tener medio cuerpo asomando por la ventana de su cuarto se piensa que soy un ladrón.
-No soy lo que piensas, en serio, es un malentendido.
-Fuera de mi casa-Se pone firme de repente y veo como empieza a soltar poco a poco el collar del perro.
-Espera…
-Sal de aquí o llamo a la policía-Suelta al perro y éste intenta alcanzarme.
-No, no llames a esos-Apoyo los dos pies en el alfeizar evitando los mordiscos del bicho-Vale, vale, ya me voy, lo siento-Me descuelgo de la ventana y caigo sobre un arbusto. Afortunadamente, es un dúplex.
Me levanto, me sacudo la ropa limpiándome las ramitas incrustadas y miro a mí alrededor. Menudo jardín. El perro se lo pasará bomba persiguiendo al cartero. Me doy la vuelta a la casa y me encuentro en la puerta principal junto con la chica asomada en el umbral.
-Decía que podías salir por la puerta como una persona normal.
-Ah… vale.
-¿Dónde vives?
-En Móstoles…
-Pues mi casa no es Móstoles-Se acerca a mí-De hecho, esto es Alcorcón. Aún te falta una parada cogiendo el metro.
-¿Cogiendo qué?-Murmuro. De repente un estruendo procedente del cielo inicia un acribillamiento de gotitas cayendo por todas partes-¡Pero qué está pasando ahora!
-Decían que iba a haber tormenta esta noche, ¿qué pasa? ¿Nunca has visto llover?
No llevo aquí ni diez minutos y estoy al borde del infarto. Espera… ¿minutos? Aquí el tiempo es necesario, ¿verdad?
-Oye, ¿qué hora es?
-Las diez y media.
-¿Y media?-La miro extrañado-¿La hora no está entera?-La chica ríe.
-Oye, ¿estás borracho o algo parecido?
-Eh… no, ¿por qué?
-No… por nada. Buenas noches-Me nota desconcertado-La Renfe está a quince minutos enteros desde aquí. Vas todo recto, giras a la izquierda hasta que llegues a una rotonda y después a la derecha todo recto, ¿vale?-Sonríe. Asiento sin entender absolutamente nada. ¿Qué es una rotonda? Suena a… rata gorda. Se queda un rato mirándome y decide acercarse a mí-Soy Leslie-Me extiende la mano derecha. Miro alternativamente a la mano y a ella. La imito. Extiendo la mano izquierda y la pongo enfrente de la suya.
-Yo soy Eric- Me mira y la estrecha igualmente con una sonrisa en la cara.
-Bueno, espero que llegues de una pieza a casa. Tendrás un euro para el metro, ¿verdad?
-¿Dinero?
-Digo yo que sí-Hasta ella duda.
-Pues…-Espera mi respuesta mientras busca en su bolsillo.
-Toma, anda-Me coge la mano y me da una cosa fría y redonda que huele mal-Tómalo como si fuera un regalo de bienvenida al planeta Tierra-Ríe. ¿Me ha descubierto?-Hasta la vista, Eric-Entra en su casa y cierra la puerta.
Salgo del jardín abriendo una valla metálica. Piso la acera de la calle y delante de mí, más casas y una carretera. Colgado de un muro puedo ver un cartelito que pone “Calle de los Sauces” y para mi sorpresa, no hay ni un solo sauce en ninguna parte.
Estas criaturas son muy complicadas.

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